jueves, 5 de noviembre de 2009

Tips & Tricks Parte 1

Ya tengo finalizado el HITS & TRICKS de PANGEA 1/2. Se trata de una guía del juego, contada por el protagonista en primera persona, y que relata los pasos que va dando Frank para ir deshaciendo cada uno de los puzzles que encuentra por el camino.

La linealidad del argumento es relativa: hay algunas cosas que si tienen que hacerse antes que otras para obtener el resultado deseado. No obstante, hay otras acciones que se pueden realizar en otro orden, independientemente del resultado de otras acciones.

Voy a publicar este Hits & Tricks en tres partes, y al final de la tercera pondré a disposición de todos un fichero PDF en el cual estarán todos los pasos necesarios para terminar con éxito la primera parte.

Sin más dilación, aquí va la primera parte del Hits & Tricks de PANGEA 1/2:

PANGEA ½

Introducción.

Aquella noche no empezó bien. Estar plantado delante de la puerta de aquel viejo, regateando e intentando que me vendiera esa mugrienta espada, no era la idea que yo tenía de manejarme en las altas esferas cuando decidí montar mi negocio de excentricidades. La cosa no mejoró cuando ese espantajo me plantó la puerta en la cara. Pero bueno, Frank Frantic no se detiene ante el primer impedimento.


El robo de la espada.

Tras bajar a la calle, e intentarlo de nuevo por el telefonillo, decidí tomar una decisión más drástica. Me dirigí al callejón, y tras apartar unas cajas, subí hasta la azotea. Las vistas eran maravillosas: cientos de luces, edificios, letreritos luminosos y una inquietante nube gris/azulada cubría el cielo. Para terminar de rematar la estampa, un grotesco conjunto de ropa interior adornaba un viejo cable para colgar la ropa. No me pude resistir ante semejante trozo de tela, y me hice con ese enorme tanga que parecía una carpa de circo, además del cable. Aunque era grande, no servía como paracaídas. Tras intentar inútilmente abrir la puerta de emergencias, me asomé a la calle. Pude ver las ventanas de la fachada, y pensé que una de ellas sería la de ese cascarrabias. Enganché el cable en la antena de TV, y me deslicé por la fachada hasta lo que me pareció su apartamento.

Estaba oscuro, pero pude ver la espada elegantemente colgada en la pared del salón. Aunque también pude ver que dormitaba un chucho nada tranquilizador entre la espada y yo. Me dirigí a la sucia cocina y abrí la nevera. La flora y fauna que allí había daba para un documental del National Geographic. Reparé en un filete de ternera de la era terciaria que había en una leja. Pensé que igual el chucho podía tener un poco de hambre. El bicho saltó para morderlo, aunque se pasó de saltarín. Por fin tenía vía libre para coger esa vieja espada y largarme limpiamente. Pero no todo salió como esperaba, y al final me vi saltando por el mismo lugar por el que entré. Pensaba que la basura sería más blandita, pero no amortiguó demasiado mi caída, más bien al contrario.


Un negocio turbio.

Finalmente, el trato con Mr. Watts no fue muy ventajoso. Tuve suerte de salir con todos los dedos de ese garaje. Pero por fin estaba en mi tienda, con mis viejos trastos que nadie quería, pero que tantos recuerdos me traían. Poco duró la tranquilidad. Se presentó allí Martin Stuart, con un sucio negocio entre manos: encontrar a Paula, estudiante de arqueología, y presunta ladrona de una valiosa pieza. Stuart estaba al frente del proyecto PANGEA, y quería recuperar la pieza. Pude detectar cierto toque mafioso en sus maneras, y decidí mantenerme al margen del asunto personal que evidentemente había entre Stuart y Paula, y le sugerí a Stuart que recuperaría la pieza, pero que no iba a meterme a matón a estas alturas de la vida. Aceptó a regañadientes, y yo era consciente de lo que eso significaba: contaría con otro para ello, y eso posiblemente podría poner en peligro mi integridad. Pero la cifra no me dejó opción. Me metí en el caso.


La mansión de Stuart.

Stuart me dio una foto de Paula y me citó en su mansión. Hasta allí me dirigí, y tras estar riéndome un rato del mayordomo por el telefonillo, entré hasta el pórtico. Tras hablar un rato con Alfred, esta vez en persona, me dí cuenta que era un borrachín, aunque trataba de disimularlo. Entré en la vieja mansión, y allí estaba Stuart, rodeado de cachivaches tan antiguos como valiosos. Me entregó un dossier con información sobre la pieza robada. Era un trozo de piedra de forma peculiar, semicircular y con agudos ángulos. Stuart me despachó amablemente, para lo que me tenía acostumbrado, y antes de largarme decidí dar una vuelta por detrás de la mansión. Encontré un cobertizo al final de lo que un día pareció un jardín. Por la ventana pude ver mogollón de herramientas, en especial unas relucientes tijeras de podar.

Volví hacia atrás, y encontré una puerta lateral. Tras ella, Alfred desvariaba borracho, apoyado en la barra de la cocina. Me soltó un rollo sobre sus problemas con el alcohol, y al final acabó pidiéndome un trago, ya que se había quedado sin bebida y necesitaba pillar el punto para dormir. Tras intentar husmear un rato sin éxito, reparé en un viejo cuadro con unas naranjas pintadas. Parecía el típico cuadro-armario para guardar las llaves. Pero Alfred no me dejaba ni respirar, y decidí largarme.


Investigando en la pizzería.

Me iba a ir a casa, pero decidí pasar primero por la pizzería de la que me habló Stuart, que me venía de paso. Estaba en el centro, cerca de mi tienda. No me dio muy buena espina ese maître indeciso, ni tampoco los raperos que había al fondo de la plaza. Conocían a Paula, es más, el flacucho estaba enamorado de ella, pero no sabían de ella desde hacía días. Después de intentar desplumarme, me contaron que Paula había encontrado algo chungo en su trabajo con Stuart, y que éste tenía mala fama, aunque de eso ya me había dado cuenta yo antes. Con el maître no tuve mucha más suerte. No se mostraba excesivamente colaborador, y no me dejó entrar para revisar la taquilla de Paula. Aunque eso ya me daba igual, me iba a colar igualmente.


Un callejón apestoso.

Me metí en el asqueroso callejón. Un fuerte olor a basura impregnaba todo, y no era yo, lo juro. Al fondo había una sucia puerta, que escondía un sucio cocinero. Intenté engañarle con finísimos trucos aprendidos en otras aventuras, pero nada. Me contó que su cocina y restaurante eran completamente eléctricos. Cuando se largó plantándome de nuevo la puerta en las narices, me percaté de los cables que salían en la parte superior de la pared. Quizás cortarlos fuese una forma de poder entrar. Pero no tenía nada con qué hacerlo. Recordé las tijeras del cobertizo, pero tampoco podía entrar allí.


Acacia Avenue.

Me fui a mi casa, en la Acacia Avenue. Quizás allí se me ocurriría como desenredar este lío. Llegué y en casa me esperaba lo de costumbre: basura, mi viejo sofá y un montón enorme de revistas educativas. Recogí una de esas, y rebuscando en el sofá, encontré una cajita de metal con un misterioso contenido, pero sin llave. El problema de las llaves empezaba a ser engorroso, pero seguro que terminaría recordando el lugar donde guardaba la llave. Antes de salir, me llevé la botella de Whisky que quedó de una fiesta.


Cómo entrar en la pizzería.

De pronto me acordé del viejo Alfred, que estaría esperando un trago para echarse a dormir. En una carrera me planté ante el mayordomo, y le invité a un trago, que aceptó casi con lágrimas en los ojos. El efecto fue inmediato. Alfred estampó su cabezota sobre la barra y se quedó frito. Abrí el cuadro de naranjitas horteras, y allí se encontraba la llave del cobertizo. Tras usarla con el candado gordo de la puerta del cobertizo, pude entrar y coger las tijeras de podar. Con las tijeras de podar, me fui rápidamente al callejón de la pizzería. En un acto bastante suicida, y que no recomiendo practicar a nadie, corté los cables de la pared, provocando un cortocircuito y un calambrazo de los de aúpa. Aún veo lucecitas cuando cierro los ojos. Tras el jaleo inicial, que pude ver escondido entre cubos de basura, donde el chef y el maître se pusieron como locos, se tranquilizó la cosa y pude entrar en la cocina.

2 comentarios:

Ollodepez dijo...

¿El fichero en pdf vendrá con imágenes? Sería genial ;-)

Reminder dijo...

Hola. Eso mismo estaba pensando yo; como buen diseñador que eres un mini-manual ilustrado le vendría al juego de perlas!!